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Communiqué de presse

¿Mano dura o mano rota?

15.06.2015

 ​​La economía  tiene que crecer y junto con ella nuestras instituciones.  Plantear que el desarrollo de uno de estos pilares supone dejar de lado el otro nos seguirá dejando como un país de solo posibilidades y besos en el espejo distorsionado del narcicismo gastronómico.  Si no hay instituciones fuertes, léase: Poder Judicial, policía, congreso, ministerios, empresas privadas, etc. eficientes y legítimas, la torta, supertorta o pastelillo se repartirá, en el mejor de los casos, solo entre unos pocos y, lo que suele suceder, beneficiará a muchos corruptos. La semana pasada se presentó un libro de lectura obligada “El Perú está calato”, de Andrea Stiglich y Carlos Ganoza.  En él se discute la necesidad de resolver una serie de situaciones que vuelven frágil cada peldaño avanzado.  Muestran que se puede seguir creciendo con gran inequidad. 

 La informalidad, la situación de los partidos políticos, la inseguridad ciudadana, la debilidad de los poderes del Estado y, cruzando varios de estos temas, la corrupción, son temas igual de importantes que el crecimiento económico, y no hay MEF que lo resuelva.  Habremos crecido más de 7% anual en los últimos años pero de acuerdo a cifras del Banco Mundial la desigualdad se mantiene igual.  En un reciente estudio realizado por GfK a nivel nacional más del 90% percibe que nadie cumple con las leyes.   Los  políticos son asociados principalmente a casos de corrupción o búsqueda de interés personal (que es casi lo mismo). Hay un gran desinterés por los asuntos públicos y una preocupación casi exclusiva por solo aquello que se ve de la puerta para adentro.  Se puede hacer empresa y negocios poniendo en paréntesis la política pero eso tiene sus límites.  Esta sensación de falta de normas, desorden y corrupción lleva a que el 77% considere que es necesario una mano dura para gobernar.  Una demanda desesperada por poner orden dándole poder a un imaginario justiciero (fin último de ese simbólico encargo) que ya sabemos cómo termina: en más corrupción y malos manejos.  Las demandas de mano dura para evitar la corrupción y otros males son un claro mensaje que el cambio institucional tiene que ser una prioridad. ¿El problema es la demanda de la gente o la ineficiencia de las instituciones?​

 

 Artículo escrito por Hernán Chaparro, Gerente General de GfK Perú y publicado en el sumplemento Día 1.​

   
 
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