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Press release

Política, política

Lima, Perú, 26.08.2016

Por Hernán Chaparro, Gerente General GfK Perú

Luego de la presentación del gabinete en el congreso, se puede decir que lo ocurrido hasta ahora solo ha sido un primer ejercicio para observar la estrategia y posibles acciones de cada agrupación.  Del lado de Fuerza Popular, una demostración de poder, un inicial rayado de cancha.  El Frente Amplio deberá revisar su estrategia para no quedar opacado, al menos, en el hemiciclo, por el enfrentamiento gobierno-fujimorismo.  Por el lado del ejecutivo, se mostró que su esquema incluye ceder, incorporar rápido algunos pedidos y reconocer errores pero siempre y cuando lo dejen seguir avanzando en lo fundamental de sus propuestas.  El punto es que la relación con la oposición en el congreso es solo uno de los frentes que tiene que observar el gobierno.  Están además, el respaldo de la opinión pública, la relación con los gobiernos subnacionales, el manejo del mismo sector  público, su propia bancada y los movimientos y/o conflictos sociales.  En todo caso, a diferencia de todos los gobernantes elegidos después de los noventa, no parece que la familia del presidente sea una arista que complique las cosas.  Hay diversos conflictos locales por resolver pero es bueno recordar que el principal problema, al menos con Toledo y Humala, no solo fueron las tensiones existentes en el interior del país sino el mal manejado realizado.  Más o menos al año de estar en el gobierno, el Arequipazo, en un caso, y Conga en el otro precipitaron fuertes caídas en la popularidad presidencial y cambios importantes en los respectivos gabinetes.  Por otro lado, las resistencias dentro del sector público demandarán gran atención y serán fuente de otro tipo de conflictos.   Está en marcha una reforma policial, de la SUNAT, de la procuraduría, se habla de reformar el poder judicial, etc.  De cara a la población, será importante combinar comunicación y logros para que la ciudadanía mantenga en el tiempo la confianza depositada en los ministros.  En otros momentos se ha visto que la gente puede tener cierto nivel de paciencia siempre y cuando observe empeño y compromiso.  La falta de empatía, sospechas de malos manejos, la lentitud en las reacciones o la mera frivolidad, que no parecen estar presentes hoy, le han pasado la factura a más de un gabinete.  Por ahora, el foco de la actual gestión está puesto en la búsqueda de un equilibrio entre el denominado idealismo y el ejercicio tecnocrático que muestre avances, cuando no resultados.  Es bueno volver a plantear el bien común como objetivo en un país lacerado por una creciente anomia pero también es cierto que ese cajón de promesas se tiene que ir llenando.  Es el mejor oxígeno que puede tener el gobierno.

   
GfK PE Press
 
 
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